Mensajes de Halloween para la gestión emocional

 

¿Sabíais que Halloween no es una fiesta importada de Estados Unidos? En realidad el origen de esta festividad cuyo nombre deriva del inglés “All Hallow”s Eve” o “Víspera de todos los santos”, se sitúa en Irlanda, hace unos 3000 años, en los poblados celtas que habitaban algunas zonas de Europa. Ellos celebraban la fiesta de año nuevo conocida como “Samhaim” el 1 de noviembre, y su víspera se reunían para celebrar el festival de la cosecha y el final de la temporada de verano. Encendían hogueras y se disfrazaban para ahuyentar a los espíritus, pues Samhaim era una fiesta “liminal”, el umbral, la frontera entre dos mundos: el de los vivos y el de los muertos. Los celtas hacían ofrendas de comida y bebida para estar a bien con los espíritus y conseguir un año de abundancia y prosperidad.

Al igual que los celtas, otras culturas y pueblos en la antigüedad tenían creencias similares que sin duda han influido en el imaginario colectivo hasta hacer de Halloween la fiesta que es hoy en día. Por ejemplo los romanos creían en el “mundus patet”, o mundo abierto, haciendo referencia a un punto de la ciudad en donde se podía conectar con el mundo de los difuntos en determinados días del año, uno de ellos coincidente con principios de noviembre. Por su parte es bien conocida la celebración del día de difuntos o día de muertos en México. El origen de esta fiesta se remonta a más de 500 años y es el resultado de la fusión de creencias de la cultura prehispánica, de los antiguos indígenas, con la tradición católica. En esta festividad las personas se disfrazan de “catrinas” o esqueletos bien vestidos y maquillados, para recibir a sus seres queridos difuntos y hacerles sentir en casa. Les preparan altares y ofrendas como una manera de honrar su memoria. Todo este ritual lo plasmó muy bien Disney en su preciosa película “Coco”, que recomiendo especialmente si no la habéis visto.

Con todo esto quiero hacer una reflexión sobre cómo podemos vivir esta fiesta en la actualidad. Qué mensaje nos trae Halloween o el Dia de todos los santos o el día de difuntos. ¿Cómo transmitir a nuestros niños y niñas el significado y el valor que esconde esta festividad, celebrada de múltiples y coincidentes formas en muchos lugares del mundo?

Podría hablaros aquí de la importancia de sacar a los fantasmas a pasear, de sacar los miedos, mirarlos de frente, poder expresar lo que nos asusta tanto de nosotros mismos como del mundo que nos rodea. Quizás Halloween sea como un catalizador, un recurso para afrontar los miedos, hacerlos menos pesados, ridiculizarlos como si pudiéramos lanzar el hechizo “Ridikulus” de Harry Potter (para quien sea conocedor de la saga de películas y libros del famoso joven mago).

Pero si bien todo ello es cierto y podría dedicar este artículo a hablaros extensamente de la gestión del miedo, dejaré este asunto para otra ocasión, ya que de lo que quiero hablaros es de algo más incómodo, de un tema que muchas veces eludimos o ignoramos, cuando forma parte ineludible de nuestra vida. Halloween nos invita a mirar de frente a uno de nuestros mayores miedos: La muerte. La posibilidad de morirnos o de afrontar la muerte de nuestros seres queridos es un tema doloroso y en nuestras sociedades occidentales casi tabú. Sin embargo, justamente la lección que podemos aprender si, con valentía, miramos de frente esta realidad, es que la vida es perecedera, es mutable, cambiante y finita. No vivimos para siempre. Esta certeza nos puede ayudar a conectar más con la vida. A no tenerle miedo a la vida. Atrevernos a realizar tareas y actividades nuevas, aventurarnos en los senderos que la existencia nos ofrece para vivir con plenitud cada día, o al menos intentarlo. Si todo es impermanencia y cambio ¿Para qué me quedo yo durante años en una relación que no funciona o en un trabajo que no tiene nada que ver con quién soy? Transitando y gestionando el miedo a la muerte, podemos transformar nuestro miedo a la vida. Y aquí hay una gran enseñanza.

La segunda lección o mensaje que, se me ocurre, nos trae la Fiesta de todos los Santos, es acerca del dolor y la gestión del duelo por muerte de una persona querida. En nuestro país es costumbre el día 1 de noviembre visitar los cementerios y llevar flores a los difuntos. Esto nos habla de la memoria, del recuerdo, de honrar a nuestros ancestros. Nos habla de encarar el dolor de la ausencia. Y una vez más, nos pone de frente el sentido de la vida y de la muerte. Es de tal intimidad el poder conectar con el ser querido que se nos fue, genera tal sentimiento que se escapa a la palabra. Sin embargo, es importante poder hablar de ello de alguna manera. Recordar a nuestro abuelo, a nuestra madre, a aquella amiga que falleció joven. Recordarles y agradecerles, por lo que nos queda de ellos y ellas en lo que hoy somos, por lo que forma parte ya de nosotras. Recordar para aceptar que se fueron. Recordar y expresar para gestionar el dolor, para aceptar que existe la muerte, sí, y que seguimos vivos con esta ausencia.

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