Acompañar a tu hija o hijo adolescente

Claves para el bienestar emocional en la adolescencia

Se hace preguntas, cuestiona el mundo, se siente perdida, triste, no entendido, diferente y a la vez con necesidad de ser igual, de pertenecer, busca amigos, novios, novias, se enfada con papá o mamá, le cuesta aceptar las normas y los límites, hace de su habitación un castillo amurallado, pasa horas con el móvil pendiente de las redes sociales, no quiere nada contigo. Bienvenida/o a la adolescencia de tu hija, de tu hijo.

La adolescencia es una etapa muy significativa en el desarrollo de la persona que va transitando desde la niñez a la vida adulta. En ella construye su identidad, explora el mundo, emprende el camino del encuentro hacia un grupo de iguales, fuera de la unidad familiar y comienza a experimentar el ser miembro y partícipe de la comunidad.

¿Cómo podemos acompañar a nuestros chicos y chicas en esta nueva etapa, en esta aventura hacia la madurez?

  1. Aceptando el cambio. Somos seres en evolución. No nos quedamos fijados en una forma de ser, en gustos, aficiones, maneras de pensar o interpretar la realidad. La adolescencia es la etapa en donde más cambios significativos se producen en un corto periodo, relativamente, de tiempo. Estos cambios pueden traducirse en la imagen, en la forma de relacionarse con los demás, en la necesidad de pasar más tiempo fuera de casa o metido en la habitación, retirándose del contacto estrecho con la familia. Tengamos en cuenta que esta etapa es transitoria. El/la adolescente necesita separarse un poco de la unidad familiar para buscar su propia identidad y construir su ser adulto. Por ello es importante aceptarlo tal como es en el momento presente y aportarle…
  2. Seguridad y confianza. Seguridad de que pueden contar con su familia si os necesitan y seguridad en sentirse queridos, aun cuando puedan rebasar los límites y las normas. La confianza implica permitirles espacios de intimidad y libertad para salir, participar en actividades y encontrarse con sus amigos/as dentro de unos…
  3. Límites y normas de convivencia. La persona adulta en construcción que es este adolescente necesita saber que sus padres/madres o tutores legales, sus figuras principales de apego, están disponibles para él/ella. Dentro de un marco de confianza y libertad para explorar, necesita también contención, sostén y también normas y limites. Nos toca como educadores estar pendientes de sus movimientos y sus necesidades, negociando los límites (por ejemplo hora de llegada a casa el fin de semana, o reparto de tareas, o cuidado personal, recogida de habitación, horas de móvil o pantallas…). Esta negociación y esta fijación de límites puede ser algo pesada y enojosa. Quizás nos cueste más de una discusión. Sin embargo es una forma de cuidado. Cuidados hacia nosotros/as mismos como educadores y cuidado hacia la/el menor, que sigue necesitando nuestra guía, estructura y sostén.
  4. Transmitirles una visión positiva de la vida. La biofilia o sentimiento de entusiasmo por vivir, es fundamental para afrontar las crisis, los cambios y la búsqueda de la identidad. El/la joven adolescente necesita confiar en que la vida, por muy compleja que sea, es un lugar en donde puede encontrar apoyo y oportunidades, momentos para el disfrute, experiencias placenteras, encuentros con personas afines, y, lo que es muy importante, un sentido para ser, para estar, para vivir. Sin duda también la vida le brindará obstáculos y dificultades, momentos de crisis, pero estos periodos se pueden transitar, con nuestro acompañamiento amoroso, para convertirse en oportunidades de autoconocimiento, aprendizaje y madurez.
  5. Comprender. Una buena forma de comprender a otra persona es a través de la empatía, habilidad social que nos permite ponernos en el lugar del otro. En caso de nuestro hija/o adolescente podemos entenderle mejor si nos ponemos en contacto con el adolescente que fuimos. Recordar cómo éramos a su edad, qué hacíamos, qué era importante para nosotros, cuáles eran nuestras dificultades y frustraciones, qué necesitábamos… Aunque sin duda encontrarás algunas diferencias al hacer este ejercicio de remembranza, puede que te sorprendas al darte cuenta que en el fondo no es tan distinta tu adolescencia y la de tu hijo/a.
  6. Ofrecerles un modelo de comunicación asertiva. En esta etapa en la que entramos puede que nos encontremos con fricciones y conflictos en la convivencia y en los asuntos cotidianos. Para mantener una relación saludable es importante cuidar la comunicación, expresar cómo nos sentimos, saber gestionar los enfados, aprender a comunicar lo que necesitamos, y también expresar lo que nos molesta y lo que pedimos al otro. Encontrar momentos para la comunicación y para compartir tiempo de calidad e intimidad en familia es una forma de cuidar el vínculo parento-filial, además de desarrollar una buena educación emocional y aprender a gestionar emociones y conflictos. Cuanto antes incorporemos estas habilidades o competencias emocionales en el equipaje psico-afectivo de nuestro hijo/a antes le estaremos brindando recursos para la vida, para el bienestar, para construir relaciones saludables con su entorno.

¡Por último os deseo paciencia y confianza! ¡Mucho ánimo y ventura en este camino apasionante llamado adolescencia!

Mensajes de Halloween para la gestión emocional

Educación emocional en Halloween

 

¿Sabíais que Halloween no es una fiesta importada de Estados Unidos? En realidad el origen de esta festividad cuyo nombre deriva del inglés “All Hallow”s Eve” o “Víspera de todos los santos”, se sitúa en Irlanda, hace unos 3000 años, en los poblados celtas que habitaban algunas zonas de Europa. Ellos celebraban la fiesta de año nuevo conocida como “Samhaim” el 1 de noviembre, y su víspera se reunían para celebrar el festival de la cosecha y el final de la temporada de verano. Encendían hogueras y se disfrazaban para ahuyentar a los espíritus, pues Samhaim era una fiesta “liminal”, el umbral, la frontera entre dos mundos: el de los vivos y el de los muertos. Los celtas hacían ofrendas de comida y bebida para estar a bien con los espíritus y conseguir un año de abundancia y prosperidad.

Al igual que los celtas, otras culturas y pueblos en la antigüedad tenían creencias similares que sin duda han influido en el imaginario colectivo hasta hacer de Halloween la fiesta que es hoy en día. Por ejemplo los romanos creían en el “mundus patet”, o mundo abierto, haciendo referencia a un punto de la ciudad en donde se podía conectar con el mundo de los difuntos en determinados días del año, uno de ellos coincidente con principios de noviembre. Por su parte es bien conocida la celebración del día de difuntos o día de muertos en México. El origen de esta fiesta se remonta a más de 500 años y es el resultado de la fusión de creencias de la cultura prehispánica, de los antiguos indígenas, con la tradición católica. En esta festividad las personas se disfrazan de “catrinas” o esqueletos bien vestidos y maquillados, para recibir a sus seres queridos difuntos y hacerles sentir en casa. Les preparan altares y ofrendas como una manera de honrar su memoria. Todo este ritual lo plasmó muy bien Disney en su preciosa película “Coco”, que recomiendo especialmente si no la habéis visto.

Con todo esto quiero hacer una reflexión sobre cómo podemos vivir esta fiesta en la actualidad. Qué mensaje nos trae Halloween o el Dia de todos los santos o el día de difuntos. ¿Cómo transmitir a nuestros niños y niñas el significado y el valor que esconde esta festividad, celebrada de múltiples y coincidentes formas en muchos lugares del mundo?

Podría hablaros aquí de la importancia de sacar a los fantasmas a pasear, de sacar los miedos, mirarlos de frente, poder expresar lo que nos asusta tanto de nosotros mismos como del mundo que nos rodea. Quizás Halloween sea como un catalizador, un recurso para afrontar los miedos, hacerlos menos pesados, ridiculizarlos como si pudiéramos lanzar el hechizo “Ridikulus” de Harry Potter (para quien sea conocedor de la saga de películas y libros del famoso joven mago).

Pero si bien todo ello es cierto y podría dedicar este artículo a hablaros extensamente de la gestión del miedo, dejaré este asunto para otra ocasión, ya que de lo que quiero hablaros es de algo más incómodo, de un tema que muchas veces eludimos o ignoramos, cuando forma parte ineludible de nuestra vida. Halloween nos invita a mirar de frente a uno de nuestros mayores miedos: La muerte. La posibilidad de morirnos o de afrontar la muerte de nuestros seres queridos es un tema doloroso y en nuestras sociedades occidentales casi tabú. Sin embargo, justamente la lección que podemos aprender si, con valentía, miramos de frente esta realidad, es que la vida es perecedera, es mutable, cambiante y finita. No vivimos para siempre. Esta certeza nos puede ayudar a conectar más con la vida. A no tenerle miedo a la vida. Atrevernos a realizar tareas y actividades nuevas, aventurarnos en los senderos que la existencia nos ofrece para vivir con plenitud cada día, o al menos intentarlo. Si todo es impermanencia y cambio ¿Para qué me quedo yo durante años en una relación que no funciona o en un trabajo que no tiene nada que ver con quién soy? Transitando y gestionando el miedo a la muerte, podemos transformar nuestro miedo a la vida. Y aquí hay una gran enseñanza.

La segunda lección o mensaje que, se me ocurre, nos trae la Fiesta de todos los Santos, es acerca del dolor y la gestión del duelo por muerte de una persona querida. En nuestro país es costumbre el día 1 de noviembre visitar los cementerios y llevar flores a los difuntos. Esto nos habla de la memoria, del recuerdo, de honrar a nuestros ancestros. Nos habla de encarar el dolor de la ausencia. Y una vez más, nos pone de frente el sentido de la vida y de la muerte. Es de tal intimidad el poder conectar con el ser querido que se nos fue, genera tal sentimiento que se escapa a la palabra. Sin embargo, es importante poder hablar de ello de alguna manera. Recordar a nuestro abuelo, a nuestra madre, a aquella amiga que falleció joven. Recordarles y agradecerles, por lo que nos queda de ellos y ellas en lo que hoy somos, por lo que forma parte ya de nosotras. Recordar para aceptar que se fueron. Recordar y expresar para gestionar el dolor, para aceptar que existe la muerte, sí, y que seguimos vivos con esta ausencia.

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Cuento El rey y la rana en formato audio libro

Ilustración Yo soy el rey del cuento El rey y la rana

Próximamente encontrarás disponible en nuestra tienda virtual el cuento «El rey y la rana» de «Siete cuentos para crecer» esta vez en formato audio-libro, narrado con el complemento de efectos sonoros, música y las voces de actores de doblaje que dan vida a los personajes,  convirtiendo así la narración en una ficción sonora, divertida y emocionante.

Este cuento, que trata sobre la emoción del miedo, nos presenta la aventura de un rey león, fuerte y poderoso, que se enfrenta a su mayor temor ayudado por una pequeña rana detective. En formato audio-libro, la narración logra sumergirte de lleno en un entorno misterioso que, en el caso de los pequeños oyentes, consigue captar su atención de principio a fin.

Las ventajas que proporciona al público infantil la escucha de audio-libros se pueden resumir en:

  • Desarrollo de la imaginación y la creatividad.
  • Desarrollo de la capacidad de escucha
  • Mayor comprensión lectora
  • Aprendizaje de competencias lingüísticas
  • Adquisición del hábito lector (si acompañamos la audición del cuento con la lectura en formato físico).

A continuación, para ir «haciendo boca» te presentamos un pequeño avance del audio-cuento. Espero que lo disfrutes.

FORMAR PARTE

Formar parte

Formar parte, pertenecer, sentir que soy una más de entre un grupo de iguales, es una necesidad básica del ser humano. En la relación con otros me puedo ver como si me asomara a un espejo. Ver mi seguridad y mis certezas, también mis miedos y vulnerabilidad. Navegar en la incertidumbre y en el flujo de la vida es más fácil cuando voy acompañada.

Posiblemente la humanidad no haya vivido nunca un momento histórico en donde coexistan tantas paradojas. La mayor de ellas, a mi manera de ver, es cómo disponemos en teoría de tanta facilidad y posibilidades para conectar con los demás y comunicarnos (a nivel de transportes y tecnología), y a la vez cómo el individualismo, la tendencia a quedarnos en la zona de confort, y la falta a veces de compromiso y de autenticidad en las relaciones, nos conduce a la soledad y al aislamiento. La razón de fondo es el miedo.

¿Miedo a qué? Miedo a mostrarnos como somos, no sea que no gustemos. Miedo a comprometernos en una relación, no sea que nos fallen o que fallemos. Miedo a pedir lo que necesitamos no sea que no lo recibamos. Miedo a mostrar mi enfado no sea que el otro me muestre el suyo y se rompa la relación. Miedo a perder el control o a tener que negociar, o a afrontar un conflicto.

Demasiado miedo a veces ¿no es verdad? ¿Y qué hay detrás? ¿Cuál es el miedo mayor de la mayoría en esta “sociedad del bienestar”? El miedo mayor es sentir y tener que sostener el dolor propio o ajeno. Y lo que ocurre es que para no sentir dolor nos acorazamos y entonces ni sentimos dolor ni sentimos placer ni sentimos nada. Nos contamos a veces que no necesitamos nada, ni a nadie. Y en el colmo del absurdo podemos llegar a lo que está ocurriendo en otras sociedades en donde cada vez hay más personas que únicamente se relacionan con otras (a nivel afectivo o sexual) a través de la pantalla de un ordenador. En esta situación desde luego no ha ayudado nada, más bien al contrario, la complejidad de situaciones que hemos vivido y seguimos viviendo, a causa de la pandemia.

¿Qué podemos hacer? Os pregunto ¿qué pensáis? Mi opinión es que, ya que estamos aquí, no nos queda otra que intentar vivir. No sobrevivir. VIVIR.
Vivir, para un ser humano, es, estar en la vida en contacto, en relación consigo mismo y con los demás, afrontando el riesgo del dolor.

Os animo a buscar lugares y espacios en donde encontraros con iguales, en donde formar parte de… sea sinónimo de intimidad, respeto, confianza, escucha y creación colectiva (creación en sentido amplio, pues no hay mayor creación que la de la propia vida).
Para ello pongo mi granito de arena. Este año me comprometo con las mujeres en formar grupos en donde podamos trabajar temas que nos preocupen o que nos ocupen. Trabajaremos desde la fuerza que da el FORMAR PARTE.

Toda la info en el siguiente enlace:

https://forms.gle/saq9eLgz72fB5cYL6

NUEVA EDICIÓN TALLER MONSTRUOS EN EL ARMARIO

niño soñando con monstuos

niño soñando con monstuos

El jueves 29 de octubre ofrecemos una nueva edición de este taller monográfico dedicado al miedo en la infancia y destinado a madres, padres y educadores/as que quieran adquirir recursos creativos para ayudar a sus niñas y niños a superar y trascender sus miedos.

Hablaremos sobre el valor de los cuentos infantiles: cómo y qué tipo de cuentos podemos utilizar para gestionar los miedos, y ofreceremos algunas estrategias básicas para poderlas aplicar en la práctica con los niños/as.

Se acerca Halloween y parece que es obligado que nos gusten las historias de miedo y los monstruos. Sin embargo hay muchos niños que, lejos de parecerles atractivas las brujas y los fantasmas, siguen mirando debajo de su cama por la noche a ver si hay algo u alguien escondido.

El miedo muchas veces es irracional y camina por los raíles del tren de la fantasía, otras veces es tan real como el temor a que un virus nos enferme, a que alguien nos acose o  a no cumplir las exigencias del sistema escolar o las expectativas de nuestros seres queridos . Todos estos miedos se pueden afrontar con luz y con amor, y sobre todo con el lenguaje simbólico de los cuentos y las historias, que, como un faro en el inconsciente y en la oscuridad, nos alumbran y nos muestran modelos a seguir.

Las plazas (por motivos de seguridad -Protocolo COVID-) son muy limitadas. Para más información e inscripciones entrar en el siguiente enlace:

http://www.educarenemocion.com/taller-monstruos-armario

Cinco Claves Básicas para acompañar las emociones de los niños/as

Madre e hijo caminado por la playa
Imagen de Shanghai Stoneman en Pixabay
Imagen de Shanghai Stoneman en Pixabay

Hace unos días una amiga me pidió que me quedara un par de horas con su niña de tres años, de nombre J. Durante la primera hora leímos cuentos, pintamos con ceras de colores y cantamos alguna canción que otra. Todo iba sobre ruedas: la niña pareció encontrarse y encontrarse con gusto, relajada en mi compañía, a pesar de que sus dos principales figuras de apego (papá y mamá) no se encontraron en casa.

Sin embargo, suele suceder con los niños/as que esta calma y tranquilidad, este sosiego, en un santiamén a causa de cualquier incidente mínimo puede irse por completo al traste, ya que las emociones son pasajeras y los estados de ánimo también . Si a esto añadimos que además de transitorias posee una cualidad contagiosa , puede que en un momento nos encontremos adultos y niños en el centro de una vorágine de emociones, desde el asombro que causa el impacto de un evento, al miedo o pánico del niño, el llanto incontenible, o bien el enfado y la frustración porque la necesidad de reparación a veces no puede ser cubierta inmediatamente.

En este caso con J. ocurrió que al ir al baño se propinó un pequeño golpe en la mano. Os transcribo la escena tal como sucedió a partir del percance:

─J. (Con tono un poco contrariado) ─¡Me he dado aquí! (Señalando su mano)

─Carmen ─A ver… (Inspeccionando la zona con atención y viendo que no tenía ninguna herida o hematoma) ─Esto no es “ná”. No ha pasado nada.

─J. (Con tono de voz más alto) ─¡Me dueleee!

─Carmen (sintiéndose ya un poco nerviosa y pensando que a ver si la niña se había hecho algo y no lo estaba viendo) ─Pues yo no veo nada, a ver ¿Dónde es, aquí? ─(Acariciándole la manita, intentando aparentar tranquilidad)

─J. (Gritando) ─Me dueleee. ¡Ponme vitaminas!

─Carmen (en modo pánico, pensando “¿qué quiere decir “vitaminas” y dónde está el botiquín?”) ─¡No pasa nada, mira, no te has hecho nada!

─J. (Con tono rozando ya la histeria) ─¡Vitaminas! ¡Ponme las vitaminas!

En este momento cuando ya pensaba “todo está perdido”, de repente esa intuición o sabiduría profunda que en ocasiones emerge cuando la mente lógica enmudece, me hizo reaccionar proclamando a gritos más fuertes que los suyos:

─¡Pataclín, pataclán, con mis poderes mágicos te curarás! ─Realicé un teatral gesto con los brazos sobre su manita “herida” y terminé la mini función con un discurso triunfal: ¡Ya estás curada!

La niña me miró totalmente pasmada. Antes de que pudiera reaccionar, le susurré a modo de revelación: “Es que yo tengo poderes mágicos, pero no se lo digas a nadie, es un secreto”. ¡Shisst!

J. replicó imitando el susurro ─¿Poderes mágicos?─ Enseguida entablamos una pequeña charla en voz muy baja, sobre los efectos de la magia ─¿A que ya no te duele? ─Le pregunté.

La niña cambió la expresión de su rostro que se fue iluminando paulatinamente, pasando del asombro a la alegría. Al final se lanzó a darme un efusivo abrazo.

─¡Ya no me duele! Carmen ¡Ya no me duele!

Las dos nos reímos mucho, descargando la tensión de los momentos previos. Al poco rato a ella se le había olvidado el incidente y pudimos pasar a otra cosa.

¿Qué había ocurrido aquí? Está claro que aunque el golpe en la mano había sido real, a nivel físico no había provocado consecuencias; sin embargo la niña había relacionado ese pequeño impacto y el dolor consecuente con una necesidad emocional de reparación, de contacto y de ser cuidada por la persona que en ese momento estaba a cargo de la situación: yo.

Si yo hubiera seguido en mis “trece” de convencer a la niña de que no pasaba nada, que no se había hecho nada, y que no había que buscar medicinas para curarla, seguramente la situación se hubiera complicado mucho más.

Aunque no podemos dar recetas universales y absolutas para este tipo de situaciones, ya que cada niño y niña es como un pequeño universo con sus propias reglas, sí que podemos inferir algunas enseñanzas básicas de esta experiencia:

1.- Acompañar las emociones de otra persona (ya sea adulta o niña) significa darle valor y veracidad a su experiencia (lo entendamos nosotros desde nuestro punto de vista o no). En el caso de los niños puede ser que un dolor o un malestar, una queja o una incomodidad sean una llamada de atención. Y… ¿Para qué llamamos la atención los seres humanos? Para obtener atención. Obtener atención es conseguir que el otro nos mire, nos escuche, nos reconozca, sentir que al otro le importamos, en definitiva sentirnos cuidados, valiosos y amados.

2.- Las llamadas de atención son una manera de solicitar cariño ¿Cuánta atención necesitamos las personas, los niños y niñas concretamente, para sentirse queridos? Un profesor muy sabio que tuve de Psicoterapia Gestalt comentó un día en mi grupo que existen tres tipos de personas en el mundo:

A. Las personas que necesitan cariño.

B. Las personas que necesitan mucho cariño.

C. Las personas que necesitan cariño pero no saben que lo necesitan.

Esto quiere decir que el amor es una necesidad universal. Las niñas y niños necesitan el cariño que necesitan, lo cual se traduce en escucha, atención, cuidado y sostén. No significa sobreprotección del niño/a ni tampoco estar pendiente de cumplir todos sus deseos al momento, pues es una cualidad del amor el poner límites cuando es necesario para desarrollar poco a poco la tolerancia a la frustración.

3.- Las necesidades emocionales se cubren con inteligencia emocional, no con objetos, regalos o experiencias materiales. Dentro de las competencias emocionales básicas se encuentran las habilidades sociales y de comunicación: Saber escuchar; tener empatía (ponernos en el lugar del otro) y ser asertivos. La inteligencia emocional se encuentra estrechamente relacionada con la creatividad y el desarrollo del hemisferio derecho del cerebro que regula los procesos intuitivos.

4.- Tener empatía con el niño/a no significa contagiarnos de y confluir con su emoción, olvidándonos de nuestro centro y equilibrio, pues al final podemos acabar sintiendo  su mismo enfado, tristeza, miedo o frustración.  Desde estas emociones es muy difícil ver con claridad y acompañar con serenidad al otro. Cuando podemos conectar con una respuesta creativa ante una situación difícil es cuando estamos centrados/as en nosotros/as mismos, con la conciencia y confianza de que nosotros somos los adultos y vamos a encontrar la mejor solución posible.

5.- Utilizar el lenguaje metafórico, la imaginación y la fantasía es hablar en el “mismo idioma” que los niños/as. Muchas veces como adultos nos empeñamos en dar respuestas o explicaciones lógicas y racionales, con la esperanza de que nuestra niña o niño así va a comprender y a darle sentido a las vicisitudes cotidianas. Esto no es así. Los niños tienen necesidad de magia porque su cerebro aún no está preparado para las respuestas lógicas. La forma que nosotros tenemos de poder comunicarnos en ese lenguaje es recordar que una vez fuimos niños también, que esos niños que fuimos aún permanecen como parte esencial de quienes somos, dentro de nosotros. Contactar con nuestros niños interiores es la puerta más directa a la fantasía, la imaginación y la cercanía emocional con nuestros pequeños/as de hoy.

LA HISTORIA INTERMINABLE Y EL VALOR TERAPÉUTICO DE LOS CUENTOS

Fotograma de La historia interminable
Fotograma de La historia interminable
Fotograma de La historia interminable

Cuarenta y un años después de la publicación de “La historia interminable” por el escritor alemán Michael Ende, la realidad de la que parte el libro no puede estar más vigente en la actualidad. En efecto, Bastian, el protagonista, es un chico de once años que lleva una vida solitaria por la falta de comunicación con su padre, a raíz de la pérdida de su madre; no parece tener amigos, y además es víctima de acoso escolar. El personaje descrito en el libro, mucho más que en la película que se estrenó años después, es un niño tímido, vulnerable, con tendencia al aislamiento y con bastante miedo al mundo.

Esta novela, que para mí y para muchos, es una obra de arte de la literatura infantil y juvenil, nos habla de manera metafórica de los procesos de transformación de las personas; del viaje iniciático del ser humano que emprende un camino y tras ir enfrentándose a pruebas y superarlas, va adquiriendo conocimiento, fortaleza, seguridad y autoestima.

El mayor valor, sin embargo, que para mí posee este libro, es el de mostrar a un niño protagonista que es en apariencia débil, poco agraciado, y que sufre la persecución de unos acosadores que son sus iguales, algo que actualmente por desgracia está a la orden del día en nuestros centros de Educación Primaria y Secundaria. La chica o el chico que se acerque a este libro y lea las aventuras y desventuras de su protagonista, y además se encuentre transitando por una etapa semejante a la suya, podrá alumbrar la esperanza de que las circunstancias de la vida pueden cambiar, de que ella o él tienen la posibilidad de transformarse,  al igual que Bastian, y resolver sus conflictos o dificultades, recuperando la autoestima, la seguridad, la confianza y la valentía para afrontar los problemas.

El valor terapéutico de los cuentos y de las historias  estriba en que los lectores, grandes o pequeños, se identifican con los personajes, sobre todo con los protagonistas, con los héroes y heroínas, al igual que Bastian mientras leía escondido en el desván se identificó con Atreyu, el niño guerrero de piel verde, a quien la Emperatriz Infantil encargó la misión de salvar a Fantasía de la inexorable Nada.

Si Atreyu puede salvar a su mundo de la Nada que parece estar destruyendo el país de Fantasía, Bastian también podrá salvar su pequeño mundo del vacío que supone la ausencia de su madre, y la ausencia de un padre que también transita el duelo. Si Atreyu puede encontrar amigos en el camino que le ayudan a vencer las dificultades, Bastian también los puede encontrar, quizás aprendiendo a acercarse a los demás y a pedir ayuda.

De este modo Atreyu le sirve a Bastian de modelo a seguir, al darse cuenta que el héroe continúa con la misión encomendada a pesar de perder a su mejor amigo en el Pantano de la Tristeza, a pesar de que parece que la solución está muy lejos, y a pesar de que la Nada avanza sin remisión.

Al igual que Bastian se transforma integrando y asimilando las cualidades de Atreyu, el niño o la niña que lee “La historia interminable” se acaba identificando con Bastian, el verdadero héroe y protagonista, quien salva finalmente a Fantasía y a sí mismo de la falta de sentido, del dolor y de la ausencia.

Está claro que no hay recetas únicas cuando se trata de apoyar a una niña o a un niño que pasa por un duelo, es víctima de acoso, sufre inseguridad, o baja autoestima. Las historias de por sí no son varitas mágicas que resuelven todos los problemas, pero sí pueden aportar montañas de granitos mágicos: confianza, ilusión, alegría, comprensión de los problemas desde otros puntos de vista, y esperanza de que “yo” puedo ser igual que este personaje del libro, que ha resuelto sus dificultades y ahora vuela alto y seguro por el mundo.

REGRESO AL AULA EN TIEMPOS DE COVID

Niña en los pasillos de un colegio

Cómo trabajar con menores en el aula, sin contacto físico.

Niña en los pasillos de un colegio

Con el inicio del curso escolar, muchas madres, padres, educadores/as y personas que trabajamos con menores, nos estamos enfrentando este año a una realidad muy diferente a la que estábamos acostumbradas.

Hoy más que nunca necesitamos saber acompañar a nuestras niñas y niños en toda la amalgama de sentimientos y emociones encontradas que supone la vuelta a las aulas, en un escenario que nos enfrenta a todas/os a la incertidumbre, la inseguridad y el miedo al contagio.

Las nuevas normas que nos dictan las autoridades sanitarias acerca del uso de mascarillas y el mantenimiento de la distancia de seguridad, a veces pueden complicar mucho la tarea de maestros/as y educadores que además de cumplir con su función docente de transmisión de conocimientos, deben velar por la salud y seguridad de sus alumnos, transmitiéndoles una sensación de seguridad y confianza.

Es muy difícil centrarse en la tarea cuando estamos en el miedo, cuando nos sentimos tensas/os o agobiadas. Es realmente complicado transmitir serenidad a los niños cuando estamos nerviosas o vivimos el día a día con preocupación.

mujer desesperada

¿Cómo podemos afrontar esta nueva realidad que nos ha tocado vivir en el entorno escolar? Quizás hoy más que nunca se hace perentorio incorporar competencias emocionales y desarrollar nuestra inteligencia emocional en aras a la salud y al desarrollo integral de nuestras niñas y niños.

En tiempos de crisis y cambio sin duda nuestra capacidad de adaptación, flexibilidad  y  creatividad se ven puestas a prueba. A través de ellas podremos afrontar la nueva situación de una manera más constructiva, llegando a encontrar nuevos caminos y soluciones. Os ofrezco una serie de reflexiones o pautas que podemos tener en cuenta para afrontar el día a día con nuestras niñas y niños en este nuevo escenario:

1. Tomar conciencia de que todo pasa. Vivimos en un mundo cambiante, en un planeta que rota sobre sí mismo y alrededor del sol, continuamente en movimiento. Aunque ésta nos parezca una realidad alejada de nuestra vida cotidiana, lo cierto es que formamos parte de ella. Al igual que el planeta y todas sus formas de vida, los seres humanos somos cambiantes, perecederos y existimos en continua transformación (física, mental y emocional). Ser conscientes de ello nos puede ayudar a sobrellevar esta crisis, porque todo pasa, nada es para siempre, todo cambia y evoluciona. Esto es lo primero para poder vivir con más paz y serenidad, y en consecuencia poder transmitírsela a nuestros niños y niñas.

2. Las niñas y niños poseen muchos más recursos adaptativos que nosotros, los adultos/as. Una amiga me contó en cierta ocasión cómo fue el proceso de decirle a su hijo que tenía una nueva pareja y que en poco tiempo iría a vivir con ellos. Por la mente de esta mujer desfilaron todo tipo de miedos y dudas acerca de la reacción del niño (si estaría de acuerdo, si le caería en gracia la nueva pareja, cómo sería la convivencia…) Cuando llegó el día, su hijo le respondió que ya sabía que esa persona era un nuevo novio, y únicamente le preguntó si cabrían bien los tres en el pequeño piso donde vivían, y si seguiría teniendo una habitación para él solo.

3. ¿Transmitimos amor y confianza ó miedo? La anécdota que os he relatado también nos habla de cómo a veces proyectamos en nuestros niños y niñas, miedos e inseguridades que ellos en realidad no tienen. Vivimos actualmente una situación extraordinaria, con una pandemia mundial, que a todos nos toca y afecta de una manera u otra, enfrentándonos a miedos racionales e irracionales. Sin embargo estos miedos son sólo nuestros. Está en nuestra mano elegir si se los transmitimos a los niños/as. Una niña hace unos días salió en televisión diciendo que “la mascarilla era incómoda pero que era mejor eso que morirse” Me pregunto si es necesario transmitir a los niños tanto miedo (que REPITO: el miedo es nuestro, porque a la niña no parecía darle tanto miedo el hecho de morir. Para entender el significado de la muerte hacen falta más años…) Es nuestra responsabilidad asegurarnos que ellos viven tranquilos/as, en paz, sin miedo, porque nosotros, los adultos/as, estamos haciendo todo lo posible para solucionar las cosas.

4. Las niñas/niños sólo tienen que seguir siéndolo. Ser niño o ser niña significa poder jugar, reír, relacionarse con confianza y alegría, no tener que comprender todo lo que ocurre desde un punto de vista lógico o racional, y poder volar sobre las alas de la fantasía y la imaginación, a través de las historias, de los juegos y de la creatividad. Salvaguardar estos derechos de los niños/as es también protegerles, es también protegernos como sociedad.

5. Seguir siendo niños/as con seguridad. Llegados a este punto es lícito preguntarse cómo conjugar estos dos aspectos o necesidades: que el niño, la niña, sigan siendo niños y vivan sin miedo, con confianza, y la necesidad de que vivan protegidos en estos tiempos de pandemia. ¿Cómo conseguir por ejemplo que los niños y niñas cumplan las medidas de seguridad (distancia social, mascarillas) sin imponérselas desde el miedo? En estos días me ha llegado la demanda de una maestra de Educación Primaria acerca de la necesidad de contar con dinámicas o actividades en las que los niños y niñas no tengan que mantener contacto físico: ni contacto entre ellos ni con objetos que puedan tocar todos. Se me ocurren algunas ideas que iré desarrollando y compartiendo con vosotros/as. Ahora más que nunca impera la necesidad de poner toda nuestra capacidad creativa a trabajar para encontrar nuevas formas y caminos. Os lanzo algunas ideas, que espero os sirvan e inspiren en vuestra labor: 

  • Llevar a cabo actividades de exploración sensorial con otros sentidos distintos al tacto (vista, oído y olfato principalmente).
  • Utilizar juegos para crear historias o jugar con palabras.
  • Probar con dinámicas de expresión corporal y movimiento sin tocarse (juegos de repetición de gestos corporales en grupo)
  • Crear ritmos o sonidos en grupo, utilizando la voz o distintas partes del cuerpo.
  • Escuchar música y/o las canciones favoritas de cada niña/o y pintar de manera individual lo que sugiere a cada uno/a.
  • Entrenar a los niños y niñas en técnicas de visualización, silencio y meditación.
  • Proponer juegos de improvisación teatral y mímica sin tocarse.
  • Utilizar técnicas de risoterapia.
  • Crear un collage formado por dibujos individuales y dejarlo colgado en algún lugar en el aula a la vista de todos. El mensaje que transmitimos con dinámicas de este tipo es: Aunque no podamos tocarnos como antes, seguimos siendo un grupo.

Arte azul

Éstas son solo algunas ideas. Os animo a crear y poner a rodar toda vuestra capacidad inventiva. Más que nunca nuestros niños y niñas requieren de nosotros/as que contactemos con nuestros niños interiores, para recuperar la confianza, la alegría y la magia, para dejar de vivir con tanto miedo y vibrar más en el amor. Lo vamos a conseguir. ¡Ánimo a todas y todos!

Carmen Maestre. Educación emocional y Creatividad

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niña y niño

niña y niño

Vivimos tiempos de cambio. Ha llegado el momento de mirar a lo que de verdad importa. Nuestras niñas y niños merecen vivir en un mundo más amable, más conectado a la belleza, a la luz, a los sentimientos. Merecen que les enseñemos el valor de las emociones, la riqueza de ser emocionales, además de racionales. A través de nuestros sentidos podemos percibir el mundo no sólo a través de nuestras creencias, pensamientos y análisis de lo correcto o incorrecto, de lo útil o de lo innecesario. Podemos aprender a percibir la realidad poniendo atención en lo que sentimos. Las emociones nos abren todo un universo de posibilidades. Nos ayudan a relacionarnos con nosotras mismas y con los demás, si aprendemos a no juzgarlas, si aprendemos a observar y tomar un poco de distancia. Las emociones son valiosas y a la vez son pasajeras, transitorias, como todo en el mundo lo es. Aprender educación emocional es adquirir conocimiento de quiénes somos, adquirir destrezas para relacionarnos mejor con nosotras mismas y con los demás, para poder vivir una vida más plena, más feliz y más abundante.

La verdadera abundancia se mide en cuánta paz y serenidad sientes en tu día a día, cuánta belleza puedes percibir en lo que te rodea; cuánto amor tienes para dar y cuánto amor te permites recibir.

Para enseñar educación emocional a nuestras niñas y niños, primero tenemos que aprender los adultos/as. Quizás nunca nos enseñaron, o quizás solo un poco, o quizás nada de nada. En cualquier caso, si estás aquí, éste es el mejor momento para empezar a aprender o para continuar en el camino.

¡Bienvenida, bienvenido a EDUCARENEMOCION!

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